Autos con Historia
BYD: de fabricar baterías para celulares a poner contra las cuerdas a los gigantes del automóvil

Hace poco más de 30 años BYD no fabricaba autos, no tenía SUV eléctricos, pickups híbridas ni soñaba con disputarle ventas a Tesla. Su negocio eran las baterías recargables. Hoy produce millones de vehículos al año y se ha convertido en uno de los protagonistas de la mayor transformación que ha vivido la industria automotriz en décadas.
Wang Chuanfu / fundador de BYD

Si alguien hubiese dicho en la década de los 90 que una pequeña empresa china dedicada a fabricar baterías terminaría sentándose en la misma mesa que Toyota, Volkswagen, Ford o Tesla, probablemente más de alguno habría sonreído.
Pero eso fue exactamente lo que ocurrió.
La historia de BYD tiene algo de película empresarial: comienza con baterías, continúa con teléfonos celulares, pasa por un automóvil bastante convencional y termina —por ahora— con deportivos eléctricos, SUV, pickups híbridas, buses, baterías Blade, sistemas de carga de enorme potencia y millones de vehículos circulando por el planeta.
Y todo ocurrió bastante rápido.
Todo comenzó con una batería
BYD nació en Shenzhen, China. La compañía sitúa su origen corporativo a fines de 1994 y comenzó a desarrollar su negocio de baterías durante 1995.
Su fundador, Wang Chuanfu, era ingeniero y especialista en baterías. La empresa arrancó con un pequeño equipo de alrededor de 20 personas y un objetivo bastante menos glamoroso que fabricar automóviles: producir baterías recargables de manera eficiente y económica. Tres décadas después, BYD celebraría sus 30 años transformada en una organización de escala mundial.
Pero Wang había detectado algo importante.
Los teléfonos móviles, computadores portátiles y dispositivos electrónicos comenzaban a multiplicarse. Y todos necesitaban exactamente lo mismo:
baterías.
BYD creció rápidamente y terminó convirtiéndose en proveedor de gigantes tecnológicos. En 2000 fue proveedor chino de baterías de ion-litio de Motorola y en 2002 hizo lo mismo con Nokia. Ese mismo año dio otro paso importante: comenzó a cotizar en la Bolsa de Hong Kong.
Hasta ahí, de autos… prácticamente nada.
Pero Wang Chuanfu tenía otros planes.
2003: “Ya sabemos hacer baterías… ¿por qué no hacemos autos?”

En enero de 2003 BYD adquirió Xi’an Tsinchuan Auto, operación que dio origen a lo que hoy conocemos como BYD Auto.
El movimiento desconcertó a muchos.
Una empresa conocida por fabricar baterías se metía de pronto en uno de los negocios industriales más complejos del planeta.
Era como si el fabricante de la batería de tu teléfono anunciara de un día para otro:
“Ahora también vamos a fabricar el auto donde vas a cargarlo”.
Pero había una lógica detrás.
Un automóvil eléctrico necesita tres componentes fundamentales: baterías, motores eléctricos y electrónica de potencia. BYD ya dominaba buena parte del primero y estaba desarrollando conocimiento sobre el resto.
En otras palabras, la empresa estaba entrando a la industria automotriz por una puerta muy diferente a la utilizada por los fabricantes tradicionales.
El F3: el auto que puso a BYD en el mapa
En septiembre de 2005 apareció el BYD F3.
No era un eléctrico futurista. Tampoco tenía puertas que se abrían hacia arriba ni prometía conducción autónoma.
Era simplemente un sedán compacto, económico y relativamente convencional.
Pero funcionó.
El F3 consiguió transformarse en el primer modelo propio de BYD con gran volumen comercial y fue una pieza fundamental para que la compañía aprendiera algo que fabricar baterías no enseñaba:
cómo fabricar automóviles en masa.
La estrategia comenzaba a tomar forma.
Primero aprender a construir autos.
Después electrificarlos.
2008: aparece el F3DM… y también Warren Buffett
El año 2008 sería especialmente importante.
BYD lanzó el F3DM, modelo que la compañía identifica como uno de los primeros híbridos enchufables producidos en serie del mundo. Era la demostración de algo que hoy parece evidente, pero que entonces estaba lejos de serlo: las baterías podían convertirse en el corazón del automóvil del futuro.
Y ese mismo año apareció un nombre inesperado.
Warren Buffett.
A través de Berkshire Hathaway, impulsado en buena medida por Charlie Munger, el grupo estadounidense invirtió aproximadamente US$230 millones para adquirir unos 225 millones de acciones de BYD.
En ese momento la inversión parecía exótica.
Años después dejó de parecerlo.
El valor de aquella participación llegó a multiplicarse más de veinte veces antes de que Berkshire comenzara a reducirla en 2022; la firma terminó saliendo completamente de la inversión en 2025.
La gran ventaja de BYD estaba escondida debajo del piso
Durante años muchas marcas automotrices debieron salir a buscar proveedores para desarrollar sus vehículos eléctricos.
BYD tenía una ventaja distinta:
había nacido fabricando baterías.
Y en 2020 esa experiencia tomó forma en uno de los desarrollos más conocidos de la compañía: la Blade Battery.
La batería utiliza química de litio-ferrofosfato (LFP) y celdas largas y delgadas —de ahí el nombre “Blade”— que permiten aprovechar mejor el espacio del paquete.
BYD hizo famoso el producto mediante una prueba bastante poco delicada:
atravesar una celda con un clavo.
Durante el ensayo presentado por la compañía, la Blade Battery no produjo llamas ni humo y mantuvo temperaturas considerablemente inferiores a las registradas por una batería ternaria de litio sometida al mismo procedimiento.
No era precisamente la manera habitual de vender un automóvil.
Pero funcionó.
La batería se convirtió en uno de los argumentos tecnológicos centrales de BYD.
El Han cambió la imagen de la marca
El BYD Han, presentado en 2020, significó otro salto.
Hasta entonces muchos consumidores todavía asociaban los vehículos chinos principalmente con productos económicos.
El Han quería demostrar otra cosa.
Diseño sofisticado, grandes pantallas, alto nivel de equipamiento, prestaciones deportivas y la nueva Blade Battery.
BYD ya no quería simplemente vender autos más baratos.
Quería competir tecnológicamente.
Y ese cambio fue clave para todo lo que vendría después.
2021: plataforma propia y acelerador a fondo
Un año después llegó la e-Platform 3.0, arquitectura diseñada específicamente para vehículos eléctricos.
La plataforma integró batería, electrónica, motores y arquitectura digital bajo una estrategia común, permitiendo que BYD aumentara enormemente la velocidad con que podía desarrollar nuevos modelos.
A partir de ahí comenzaron a aparecer nombres que hoy resultan familiares:
Dolphin, Seal, Atto 3/Yuan Plus, Song, Tang, Han…
Y la gama no dejó de crecer.
2022: BYD hace algo que pocos fabricantes se atrevían a hacer
En marzo de 2022 BYD tomó una decisión simbólica pero tremendamente relevante:
dejó de fabricar automóviles impulsados exclusivamente por motores a combustión.
No abandonó completamente la gasolina —sus híbridos enchufables siguen utilizando motores térmicos—, pero desde entonces concentró su producción de pasajeros en eléctricos puros y vehículos híbridos enchufables.
Mientras buena parte de la industria todavía discutía cuándo debía electrificarse, BYD simplemente cerró ese capítulo.
Y pisó el acelerador.
De un millón a diez millones… en tiempo récord
Aquí es donde las cifras comienzan a volverse difíciles de dimensionar.
BYD produjo su vehículo de nueva energía número un millón en mayo de 2021.
En noviembre de 2023 ya había llegado a seis millones.
Y en noviembre de 2024 celebró la fabricación del vehículo electrificado número 10 millones.
Hay un detalle que refleja perfectamente la velocidad de crecimiento de la compañía: BYD tardó aproximadamente 15 años en fabricar sus primeros cinco millones de vehículos de nueva energía.
Los siguientes cinco millones llegaron en apenas 15 meses.
Sí. Meses.
No años.
2025: BYD ya no perseguía a la industria
Durante 2025 BYD comercializó 4.602.436 vehículos de nueva energía en todo el mundo, mientras sus ventas internacionales superaron por primera vez el millón de unidades.
Además, durante ese año sus ventas de eléctricos puros alcanzaron aproximadamente 2,26 millones de unidades, superando las entregas anuales de Tesla y convirtiendo a BYD en el mayor vendedor mundial de automóviles eléctricos a batería durante 2025.
Para una empresa que poco más de dos décadas antes recién estaba aprendiendo a fabricar sedanes, el cambio resulta impresionante.
Y en 2026 llegó otro número difícil de imaginar: 17 millones
La máquina siguió avanzando.
En julio de 2026 BYD alcanzó la producción acumulada de su vehículo de nueva energía número 17 millones.
En paralelo, la compañía informó ventas superiores a 1,8 millones de vehículos durante el primer semestre de 2026 y presencia comercial en más de 120 países y regiones.
El pequeño fabricante de baterías de Shenzhen ya estaba jugando definitivamente en otra liga.
Pero BYD no es solamente una marca de autos
Aquí aparece otra particularidad.
BYD fabrica o desarrolla internamente buena parte de los componentes estratégicos de sus vehículos:
baterías, motores eléctricos, electrónica de potencia, semiconductores y plataformas.
Pero además participa en negocios de almacenamiento energético, electrónica, transporte público y sistemas ferroviarios.
Es decir, BYD se parece menos a una automotriz tradicional y bastante más a una enorme compañía tecnológica que, entre muchas otras cosas, fabrica automóviles.
Y probablemente ahí está una de las claves de su crecimiento.
De las baterías de un Nokia al automóvil eléctrico
Hay algo casi irónico en esta historia.
A comienzos de siglo, BYD fabricaba baterías para Nokia y Motorola.
Hoy desarrolla vehículos eléctricos capaces de desafiar a algunos de los fabricantes más grandes y antiguos del planeta.
En poco más de tres décadas pasó de un pequeño equipo en Shenzhen a producir millones de automóviles cada año.
Toyota tiene más de 80 años de historia.
Volkswagen supera los 80.
Ford tiene más de 120.
BYD recién acaba de pasar los 30.
Y quizás esa sea la parte más interesante.
Porque después de mirar lo ocurrido desde aquel pequeño taller de baterías hasta los actuales Seal, Dolphin, Han, Shark o Atto, la pregunta ya no parece ser:
¿hasta dónde puede llegar BYD?
La pregunta es otra:
¿qué estará fabricando BYD cuando cumpla 40 años?
Porque si algo ha demostrado esta compañía china es que aquello de “Build Your Dreams” dejó hace bastante tiempo de ser solamente un slogan.
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